A las puertas del Edén - ensayo

El cuerpo de Abel encontrado por Adán y Eva - William Blake


“Triste es el conocimiento; aquellos que saben más
más deben lamentarse sobre la verdad fatal,
que el Árbol del Conocimiento no es el de la Vida.”

                                                                  Byron.

Nota: el siguiente ensayo fue escrito para la materia de biología general de la Universidad Nacional de Colombia. El texto base es el libro "Lo pequeño es hermoso" de E. Schumacher (1973).

Resumen

Se alude al Jardín del Edén como símbolo del hombre completo que, como señor de todas las criaturas vivientes, debe proceder como su guardián y protector. Sin embargo, guiado por la soberbia y la ignorancia, ha llegado a convertirse en tirano y verdugo de quienes debía proteger. Aquí podemos recurrir a la metáfora del árbol del conocimiento y de la vida, de cuyos frutos el hombre no pudo resistirse, buscando igualar a Dios en conocimiento y poder. De tal suerte que el desarrollo pervertido de la civilización humana amenaza con destruir cada rincón, cada planta y cada animal de ese jardín en el cual fue puesto originalmente. ¿Somos conscientes de los resultados de nuestras acciones colectivas? ¿Está el hombre dispuesto a encontrar la íntima sabiduría? ¿Podemos reparar los graves e innumerables daños causados a la tierra y al resto de seres vivientes?
El hombre como ser de origen divino
El libro del Génesis, origen etimológico de la palabra gen, genética, genoma, germinar, gente, empieza diciendo que en el principio Dios creó los cielos y la tierra, que la tierra estaba desordenada y vacía, que las tinieblas se movían sobre la faz del abismo. En versículos sucesivos relata la creación de lo que hoy conocemos como biosfera. De tal suerte que en el sexto día, la divinidad creó al hombre, básicamente como se crea una escultura de barro. Era eso el hombre primitivo, una solución de tierra y agua. Sin embargo, ocurrió algo especial, la divinidad sopló dentro de la nariz del pedazo de barro y éste adquirió vida. Lo llamó Adán, que significa “tierra roja”.  Todos conocemos el resto de la historia. Sin embargo, podríamos decir con justa razón, que aunque llevemos respirando 20, 30 o 90 años el mismo aire, pocos conocen su composición.

Así, sin ningún mérito adquirido:  la inteligencia, la fuerza, el palpitar de la vida recorriendo los órganos, los sistemas; esa pequeña estructura de cuatro extremidades y una cabeza, el hombre. Otras cosmologías diferentes a la Judeo cristiana atribuye nuestro origen al maíz, como los Aztecas y Mayas, los Incas nos hacen hijos de Viracocha, los griegos hijos de Zeus, para los chinos somos emanaciones del indeterminado Tao, para los hindúes somos menos que un parpadeo de Brahama. La ciencia moderna a partir del siglo XIX (después de Cristo) nos hace hijos de nosotros mismos. Ya estamos hartos de Dioses, ahora el hombre será el nuevo Dios. Sin embargo, este ensayo no versa en la defensa de la religión ya sea pagana o  monoteísta, eso le compete a mentes más iluminadas, se contenta simplemente con la idea del hombre, el simio que aprendió a vestirse y a controlar el fuego. Para ello tendremos como guía las ideas expresadas por E. F. Schumacher  en el capítulo VII de su libro “Lo pequeño es hermoso”.

La civilización humana

El encuentro del hombre con el recurso material llamado Tierra trajo consigo grandes cambios, el primero se consideró a sí mismo como el sujeto  y consideró lo segundo como el objeto, estableciendo una separación entre la naturaleza humana y la naturaleza del mundo. Con el transcurrir de los siglos el sujeto llegó a la plena certeza de era “el señor del mundo” y no una simple criatura en él. Se organizó en pueblos, creó herramientas, formó grandes ejércitos, conquistó territorios y al fin pudo instaurar magníficas civilizaciones. Tampoco queremos ser simplistas, es cierto que existieron y existirán  hombres y mujeres que han conservado su conexión con el mundo natural, pero nos interesa aquí la humanidad como
especie, ateniéndonos a los resultados de sus acciones colectivas.

E.F. Schumacher afirma que “Ha habido entre entre diez y treinta civilizaciones diferentes (el número depende de quien clasifique las civilizaciones) que han seguido este camino hacia la ruina”. La ruina a la que se refiere es la destrucción de la biosfera. Una imagen que suele aparecer en nuestros actuales televisores es un plano general de las esculturas conocidas como Moai en la Isla de Pascua, en la Polinesia. Se cree que entre los siglos XV y XVIII sufrió una crisis de sobrepoblación, lo que pudo haber provocado numerosas guerras, deforestación, hambrunas,  y según algunos arqueólogos, canibalismo debido a la escasez de recursos. Hoy es un destino turístico, pero ¿habremos aprendido algo de la experiencia ajena?

Cada civilización que ha florecido sobre la faz de la Tierra ha impuesto su ley al mundo natural según su nivel de conciencia colectiva. Debemos resaltar que la filosofía del ateísmo es muy reciente en la historia humana, sus orígenes se remontan apenas hacia el siglo XIX como producto del renacimiento europeo. Durante centurias el aspecto espiritual de las distintas humanidades ha dependido de dioses y divinidades, siendo una realidad tan palpable en el plano moral como lo es hoy en el plano ético el positivismo científico y la filosofía materialista. Los griegos y los romanos cohabitaban el mundo con Nereidas, Ondinas, Sílfides, Faunos, Sirenas, Tritones, Céfiros, etc. Honraban a los dioses de naturaleza y especialmente a los dioses de la agricultura como a Démeter, origen etimológico de la palabra Madre. Los Egipcios consideraban a la diosa Isis como la dadora de leche, bajo la forma de una vaca, y al mismo tiempo era la gran señora de la naturaleza, la magia y el conocimiento oculto. Su culto pervive hoy bajo el nombre de María en la secta cristiana del catolicismo. Igualmente famosas son las escultura de Venus regordeta de los hombres cavernícolas. Y así, todo un panteón de divinidades del mundo natural, misterio y nutricio para el hombre.

Pero aquí viene la antítesis, lo divergente como propone Schumacher. El hombre se balancea como en un péndulo entre el orden y el caos, la conservación y la destrucción, la fe y la ciencia, la libertad y el libertinaje, la vida y la muerte, para nombrar la divergencia suprema. Schumacher dice “El problema ecológico no es tan nuevo como frecuentemente se le hace aparecer.” Esto es enteramente cierto, basta con remitirse a la historia para comprobarlo, aquí lo resumiremos con su cita anónima  “Alguien ha dado una muy breve descripción de la historia diciendo que “el hombre civilizado ha cruzado la superficie de la tierra y dejado un desierto tras sus huellas”. Sin embargo, los problemas del hombre contemporáneo son infinitamente más complejos que los de sus predecesores. Ello tiene muchas causas, mencionaremos las principales:

- Los altos niveles de sobrepoblación de la humanidad. Ya se han superado los 7 billones de habitantes y continúa con un crecimiento exponencial.

- La acelerada deforestación y pérdida de biodiversidad que se vive a diario en todos los rincones del planeta.

- El agotamiento de los suelos cultivables por acciones de la agroindustria y el uso intensivo de abonos derivados del petróleo y otras sustancias nocivas para la vida.

- La exclusiva dependencia del carbón, el gas natural y el petróleo como fuentes de energía eléctrica, mecánica y térmica.

- La desenfrenada contaminación de los recursos no renovables como el agua y el hábitat donde ésta se almacena y purifica.

- La contaminación de la atmósfera terrestre por gases de combustión y metales pesados.

- La proliferación de desechos radiactivos en mares y bosques, los cuales tardan hasta 25.000 años en desaparecer por completo.

- La supremacía de la economía depredadora en todos los aspectos de la vida humana. Con justicia se afirma que la fase superior del capitalismo es el imperialismo.

- El vacío espiritual de gran parte de la civilización planetaria contemporánea, que alimenta su mente y sus emociones con la radio, la televisión y la prensa orientadas principalmente al consumo, las bajas pasiones, el egocentrismo y en últimas, la estupidez como regla general.

Colombia en todo esto

Cuando el imperio español arribó a las costas del nuevo mundo lo hizo con los bolsillos rotos y el estómago vacío. Empezaron llevándose  todo el oro que encontraron a su paso, luego masacraron a la población indígena y trajeron esclavos negros de África. Cuando lo consideraron oportuno instauraron la encomienda, de eso ya todos hemos oído hablar. Su dominación duró tres siglos. La gesta independentista nos mostró el valor del hombre americano, entre ellos el genio de Torres, Bolívar, Caldas y Nariño. Las sucesivas guerras civiles en Colombia durante la segunda mitad del siglo XIX, que se han extendido hasta principios del siglo XXI, echaron por tierra toda esperanza de unidad nacional.

Nuestro país, como el resto del continente, se ha considerado históricamente como un lugar privilegiado por su biodiversidad, la innumerable presencia de pisos térmicos, el abundante recurso hídrico, los importantes yacimientos de metales y piedras preciosas, las grandes reservas de petróleo, gas y carbón. Contamos además con dos mares, una considerable porción de la selva amazónica, etc, etc. A pesar de eso somos la tercera sociedad más desigual del mundo según las Naciones Unidas. Somos los que se llama un país subdesarrollado o tercermundista. Nuestra economía depende exclusivamente de la explotación minera y la exportación de materias primas bajo modelos de concesión y tratados de libre comercio, esto se conoce como neocolonialismo. ¿Cuales son las consecuencias medioambientales de este proceder?

En 2017 se decretó la alerta roja por contaminación del aire en la ciudad de Medellín. En Bogotá se han registrado cambios en el clima, convirtiéndose en una ciudad cálida a pesar de ubicarse en la altillanura. Barranquilla es constantemente azotada por inundaciones como producto del taponamiento de sus alcantarillas. En Cartagena la contaminación por plástico ha afectado las ciénagas y ríos cercanos a la metrópoli. Los grandes ríos Cauca y Magdalena registran mínimos históricos, a pesar de eso se tiene planeada la construcción de varias hidroeléctricas en sus tramos que eventualmente cortarían su continuidad, afectando a miles de personas que aún dependen de ellos para su supervivencia. La selva amazónica está siendo deforestada por el gobierno y los industriales para quitarle refugio a sus enemigos militares y de paso instauran monocultivos como la palma africana, la soya y la ganadería extensiva.

La deforestación en Colombia en el periodo 2000-2007 fue de alrededor de 336,000 hectáreas de bosques al año.​ La destrucción de los bosque de alta biodiversidad como los encontrados en la zona del Pacífico ha sido causa de la actividad ilegal de la producción de coca. Se estima que desde el 2002 hasta el 2007 la zona sur del Pacífico colombiano perdió una área de 14.322 km2 de bosque tropical, un área mayor a la de Jamaica que mide 11.190 km2.

Cada cierto tiempo los medios de comunicación, principalmente los noticieros de televisión, dejan entrever que algo anda mal con nuestro medio ambiente: sequías en la Guajira, el río Ranchería ya no es lo que  era antes. Sequías en la orinoquía, una zona de humedales y alta biodiversidad en el pasado. Derrumbes que sepultan pueblos enteros, derrames de petróleo, contaminación del aire en las principales ciudades, los ríos y las quebradas de las metrópolis se han convertido en cloacas, los pequeños ríos entre las montañas se secan o están contaminados por mercurio, incendios que destruyen los bosques circundantes a los centros urbanos. Un apocalipsis se cierne en torno nuestro pero la mayoría de la población actúa como si nada pasara. Se cumple lo que dice Schumacher citando a Lewis Herber:
“ El hombre de la ciudad, en una moderna metrópoli, ha alcanzado un grado de anonimato, atomización social y aislamiento espiritual que no tiene ningún precedente en la historia humana”.

Al parecer estamos condenados pues “Cuando el medio ambiente en el que él vive (el hombre) se deteriora rápidamente su civilización declina.” Pero no podemos ser derrotistas, como se dice en párrafos anteriores Colombia ha sido considerada históricamente como poseedora de grandes recursos naturales. Muchas de las tierras del continente americano son todavía vírgenes, a diferencia de las tierras europeas y  asiáticas. La nuestra es una nación joven, apenas dos siglos de historia republicana, aún conservamos muchos bosques que nutren a los grandes ríos, la guerra civil continuada ha hecho imposible su completa destrucción por la industria y los mercados extranjeros. A pesar del intenso saqueo aún somos considerados como un país megadiverso en flora y fauna. Quizá tengamos una segunda oportunidad sobre la tierra.

Los valores espirituales de quien ama la tierra y sus ecosistemas

Como hemos visto el hombre es un ser divergente, ahí radica precisamente su mal y su bien, usando términos judeocristianos.  De todas maneras no es para justificarse, pues las razones palidecen ante los hechos. Nuestro mundo pende de un hilo. Las naciones que se llaman a sí mismas del primer mundo, con una alta industrialización de sus economías, devoradas ávidas de recursos naturales que obtienen de las que llaman del tercer mundo, deben hacer su trabajo correctivo si quieren sobrevivir a la historia. Los ciudadanos de las naciones que llaman tercermundistas o subdesarrolladas tenemos que hacer nuestro trabajo de conservación y conciencia, si también queremos cambiar el rumbo impuesto. Es un espejismo del hombre contemporáneo pensar que está desligado de la naturaleza, o peor aún, que puede existir sin ella.

La naturaleza y sus fuerzas desconocidas siempre ha hecho parte del sentir espiritual del hombre, ya bajo la forma de dioses, ya bajo la forma de seres sobrenaturales, y recientemente bajo los postulados de la ciencia del átomo.

Hemos transitado un largo camino desde la expulsión del primigenio Edén. Puede que finalmente hayamos comprendido que el árbol del conocimiento no es precisamente el árbol de la vida. Nos hemos balanceado tantos siglos entre dos pensamientos que quizá estemos aturdidos. Pero consideremos lo que dice Schumacher: “El centro está constituido por nuestras convicciones más básicas, por esas ideas que realmente nos empujan hacia adelante. En otras palabras, el centro consiste en la ética y la metafísica, en ideas que (nos guste o no) trascienden el mundo de los hechos y no pueden ser comprobadas o rechazadas por un método científico ordinario.”

Surge aquí la idea del “hombre completo”, tomemos como referencia a los sabios de las cultura china, japonesa e hindú, al filósofo griego, al hombre renacentista europeo, al tlamatini azteca, al chamán de los indígenas suramericanos, a las modernas corrientes del sincretismo ciencia/espíritu. Como dice Schumacher cada uno “puede no estar en condiciones de explicar estos temas en palabras, pero la conducta de su vida mostrará un cierto toque de seguridad que emerge de su claridad interior.”

BIBLIOGRAFÍA
  • Schumacher, E. (1973). Lo pequeño es hermoso. Ediciones Orbis S.A. Capítulos VI y VII.


A las puertas del Edén - ensayo A las puertas del Edén - ensayo Reviewed by Ecovoltios Energía on marzo 15, 2018 Rating: 5

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